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Corporativo Bravos de Atlanta: ¿Bárbaros en los jardines?

4 days ago 6

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Image credit: © Dale Zanine-Imagn Images

Traducido por José M. Hernández Lagunes

El lunes, la firma de inversión Beach Inlet Capital Management envió (y divulgó públicamente) una carta al Consejo de Administración de Atlanta Braves Holdings, Inc., la empresa que cotiza en bolsa y es propietaria de los Bravos. En ella, Beach Inlet instaba a la empresa a vender el equipo.

Más adelante, analizaré la justificación de Beach Inlet, que resulta algo interesante, pero primero, veamos qué pretende. Los inversores activistas, como se les conoce, forman parte del panorama de inversores, especialmente en Estados Unidos. Dado que las empresas que cotizan en bolsa son propiedad de sus accionistas, los inversores activistas adquieren participaciones en ellas e intentan persuadir a la dirección para que tome ciertas medidas. Si la dirección se resiste, los activistas pueden presionar a otros accionistas para que se unan a ellos y fuercen un cambio.

Por ejemplo, en 1989, Kohlberg Kravis Roberts & Co. (KKR) compró la empresa de productos de consumo RJR Nabisco mediante una famosa guerra pujante. KKR, una importante firma de capital privado (que capta fondos de inversores, generalmente para adquirir empresas en su totalidad), superó la oferta de la gerencia de RJR Nabisco para hacerse con el control de la compañía mediante una compra apalancada (LBO o leveraged buy-out, que utiliza grandes cantidades de deuda para completar la adquisición), convirtiéndola en una empresa privada.

KKR es una de las mayores firmas de capital privado, pero los inversores activistas no tienen por qué ser gigantes. En 2021, Engine No. 1, un pequeño fondo de cobertura (a diferencia de las firmas de capital privado, los fondos de cobertura suelen comprar participaciones en empresas, no poseerlas por completo), ganó una campaña para obtener puestos en el consejo de administración de ExxonMobil y obligar al gigante energético a ampliar su enfoque para incluir energías bajas en carbono. Engine No. 1 lo logró a pesar de poseer una participación minúscula (valorada entre $40 y $50 millones de dólares, aproximadamente el 0.02 % de las acciones en circulación) al convencer a otros accionistas para que votaran a favor de sus propuestas.

Beach Inlet está intentando hacer lo mismo, obligando a la gerencia de los Bravos a poner el equipo a la venta. ¿Tendrán éxito sus esfuerzos?

En corto: no.

Beach Inlet posee una pequeña participación en los Bravos. Se describe a sí misma como uno de los 20 principales accionistas institucionales de la firma. Las acciones de los Bravos constituyen su segunda mayor participación, con un valor aproximado de $37 millones, una proporción significativa de los $228 millones en activos que gestiona. (Cabe destacar que estas cifras son aproximadas, ya que los valores varían diariamente). Por lo tanto, se trata de una empresa pequeña (en comparación, T. Rowe Price, la empresa que se anuncia en el parche en el hombro de los Orioles, gestiona $1.9 billones de dólares) con una participación reducida. Pero lo mismo ocurría con Engine No. 1. Entonces, ¿por qué no puede lograr lo mismo?

Como expliqué en este artículo, los Bravos han emitido tres clases de acciones. Los propietarios de acciones de Clase A (símbolo BATRA) tienen los derechos de voto habituales: cada acción les otorga un voto en las resoluciones corporativas. Las acciones de Clase B (símbolo BATRB) tienen derechos de voto preferenciales, 10 votos por cada acción. Las acciones de Clase A y, especialmente, las de Clase B, pertenecen en gran medida a la directiva de los Bravos y a personas clave de la empresa. Por lo tanto, controlan todos los votos de los accionistas. Las acciones de Clase C (símbolo BATRK) son propiedad del público; son las acciones que tu o yo podríamos comprar. No otorgan derecho a voto. Los accionistas de Clase C no tienen la misma influencia sobre el equipo que los accionistas de Clase A y Clase B.

Beach Inlet posee acciones de Clase C. No puede votar para implementar cambios a los que se oponga la directiva. Tampoco puede persuadir a otros accionistas con derecho a voto para que lo hagan. La directiva puede ignorar a Beach Inlet con total impunidad. Y, es seguro asumir que lo harán.

Por supuesto, es totalmente posible, aunque improbable, que la directiva de los Bravos ya esté considerando una venta. De ser así, la carta de Beach Inlet no formará parte del proceso de decisión. Se podría argumentar que la carta a la Junta Directiva del equipo es más un ejemplo de publicidad que de activismo accionarial. Esto no es KKR ni Engine No. 1. Así que, aunque no se concrete nada, su carta plantea algunos puntos que vale la pena mencionar. Enumera cuatro razones para buscar la venta, básicamente una estrategia de “aprovechar la oportunidad mientras se presente”:

  1. Valoraciones crecientes para los equipos deportivos.
  2. La creciente popularidad del béisbol, que podría verse perjudicada por un cierre patronal prolongado.
  3. Un cambio en el código tributario limitará la deducibilidad de los salarios de los empleados mejor pagados (Chris Sale, Austin Riley, Spencer Strider y Matt Olson ganarán más de $20 millones el próximo año, y es seguro que el equipo ejercerá su opción de $17 millones sobre Ronald Acuña Jr.). Estas normas no se aplican a las empresas privadas, por lo que un inversor privado podría generar mayores rendimientos después de impuestos que Atlanta Braves Holdings, empresa que cotiza en bolsa, lo que la haría más valiosa en manos privadas que en públicas.
  4. Los equipos de béisbol gozan de monopolios locales, y los Bravos tienen la ventaja adicional de poseer bienes inmuebles adyacentes al Truist Field.

Sumando estos factores, Beach Inlet llega a una valoración de Atlanta Braves Holdings de $6,400 millones de dólares, excluyendo sus inversiones inmobiliarias, en comparación con la reciente venta de los Padres por $3,900 millones y la de los Angels por entre $4,000 y $4,500 millones. El análisis de Beach Inlet sugiere que el club está valorado actualmente en unos $2,500 millones.

Todos estos puntos son válidos (la valoración es más especulativa). Sin embargo, la decisión final recae exclusivamente en la directiva. Y al ser una empresa que cotiza en bolsa, los Bravos pueden buscar capital adicional, si lo necesitan, del público, mediante la emisión de acciones o bonos, en lugar de buscar inversores privados (ya sea el gran capital de los propietarios privados u otras fuentes de financiación no públicas y, por lo tanto, probablemente más costosas).

El punto sobre el riesgo para el valor del equipo que supone un cierre patronal prolongado es interesante. Recientemente, Marc Normandin y yo tomamos posturas diferentes sobre el riesgo de una suspensión prolongada la próxima temporada. La postura de Beach Inlet refuerza la opinión de Marc de que una temporada 2027 acortada representa un riesgo que los propietarios se mostrarán reacios a asumir.

¿Podrían los Bravos y sus accionistas (incluso los de Clase C) obtener grandes beneficios con una venta? No es imposible. Pero solo si la directiva de los Bravos, que controla las acciones con derecho a voto de la compañía, así lo decide. No está en manos de Beach Inlet ni de ningún accionista de Clase C.

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