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La contracción como expansión

5 days ago 6

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Image credit: © Dale Zanine-Imagn Images

Traducido por Marco Gámez

A nadie le hizo gracia. Tanto los Astros como los White Sox optaron por un juego lanzado íntegramente por el cuerpo de relevistas en el primer encuentro de su Serie de Comodines de la Liga Americana, lo que frustró a casi todos los aficionados al béisbol del planeta. Parecía un microcosmos que reflejaba la falta de solidez de los equipos clasificados para la postemporada de este año y, a la vez, la muerte del lanzador abridor. Creo que, en efecto, representaba al menos una de esas cosas, pero a internet le basta con que parezca así para indignarse. Que un equipo recurra a un desfile de relevistas, lo que en el beisbol llaman que lanza Johnny Wholestaff, en el primer juego es una cosa, pero que ambos lo hagan sugiere que la estructura tradicional del cuerpo de lanzadores se está desmoronando; que el deporte se ha transformado en algo ajeno y desagradable, deformado por innovaciones tecnológicas excesivas y precipitadas que se nos han ido de las manos a todos.

Permíteme ofrecerte un enfoque diferente: una nueva perspectiva desde la cual analizar la situación y bajo la cual otras decisiones recientes de los equipos empiezan a cobrar más sentido. ¿Recuerdan las últimas semanas de la temporada regular, cuando los Marlins recurrieron a Sandy Alcántara y Eury Pérez para relevar en momentos críticos, entre sus turnos en la rotación de abridores? ¿Se fijaron en que los Yankees incluyeron solo a 10 lanzadores en su plantilla para el duelo de Comodines contra los Red Sox? ¿Y qué me dicen de los Phillies, que primero mantuvieron a Jesús Luzardo en el montículo más tiempo de lo previsto en el primer encuentro de su serie en el condado de Cobb; luego intentaron que Jhoán Durán lograra al menos seis outs como relevista más adelante en ese mismo encuentro; y finalmente utilizaron tanto a Aaron Nola como a Zack Wheeler para intentar sacar adelante el tercer juego? ¿Y qué decir de Atlanta, que recurrió al joven lanzador de gran velocidad Didier Fuentes por tercer día consecutivo, algo inédito en su vida, y luego pidió a Chris Sale que cerrara el partido pese a contar con una ventaja cómoda en el tercer juego? Todo ello simplemente para superar la Serie de Comodines, sabiendo que aún les faltan 11 victorias para conquistar la Serie Mundial, incluso tras un uso tan agresivo de sus lanzadores.

Todo esto son variaciones sobre un mismo tema, uno que parece (y de hecho es) sencillo y atemporal, pero que se ha acelerado este año; los equipos se esfuerzan por obtener más entradas de sus mejores lanzadores. Por supuesto, existe un límite hasta donde los clubes llevarán esto, o al menos en cuanto a la forma de hacerlo. No hemos visto el regreso del lanzador incansable capaz de acumular 220 entradas; y probablemente no lo veremos. Los equipos siguen creyendo que conlleva riesgos exigir a los lanzadores cargas de trabajo, tanto por juego como por temporada, similares a las que soportaban los mejores brazos hace una generación. Sin embargo, buscando cualquier método creativo a su alcance, están empezando a concentrar nuevamente el volumen de entradas en sus lanzadores de mayor confianza.

Aquí están las pruebas (escasas, pero reales). En 2024, 351 lanzadores completaron al menos 50 entradas en las Grandes Ligas. Esos lanzadores promediaron 97 y ⅓ entradas cada uno. El año anterior, la cifra bajó a 339 lanzadores, pero esos brazos de confianza asumieron una carga de trabajo promedio de 98 y ⅔ entradas. Este año, solo 327 lanzadores superaron esa marca, aproximadamente uno menos por equipo que en el pasado, pero lanzaron una media de 101.5 entradas cada uno. No se ha producido una reducción significativa en las tasas de lesiones a nivel de liga y los equipos siguen viéndose obligados a utilizar cada vez más lanzadores, pero están concentrando, aunque sea ligeramente, más entradas en un número, también ligeramente menor, de lanzadores fiables. Y hacen bien en hacerlo.

A principios de esta semana, realicé un (sencillo) estudio que reveló que la calidad intrínseca de los lanzamientos y la velocidad guardaban una mayor correlación con el rendimiento esta temporada que en 2025. No es un hallazgo revolucionario, pero sí importante, ya que va de la mano de otra conclusión establecida firmemente hace meses; el sistema automático de cantado de bolas y strikes ABS ha dado lugar a una zona de strike más reducida. La zona comenzó a reducirse en 2025, pero este año es aún más pequeña; esto se debe no solo a que los bateadores apelan cuando un árbitro amplía su zona, sino también a la capacitación y retroalimentación arbitral, lo que ha generado decisiones acordes con la zona estandarizada por computadora. Ya hemos hablado bastante en esta publicación sobre el tema. La zona es más pequeña. Eso ha elevado la tasa de bases por bolas en la Liga, entre otras cosas.

Sin embargo, la frase “entre otras cosas” conlleva mucho peso en este contexto. Permíteme desglosarla un poco. Una zona de strike más reducida no implica únicamente acumular más bases por bolas o dejar pasar más lanzamientos; también permite ajustar el swing del bateador para atacar un área más pequeña. Esto les facilita ser agresivos de manera selectiva y conectar con mayor poder, además de lograr más contacto y conseguir esas bases por bolas adicionales. La vida en la caja de bateo sigue sin ser sencilla, dadas las condiciones actuales del pitcheo, los posicionamientos defensivos modernos y una pelota que tiene mucha menos vivacidad que hace una década. No obstante, la situación mejoró esta temporada. Los bateadores lograron más contacto dentro de la zona de strike, a pesar de realizar swings a mayor velocidad (lo que suele conllevar una ligera pérdida de control del bate). Elevaron la pelota y la batearon hacia el lado de jalar un poco más. Persistieron las tendencias predominantes de la última década, con bateadores generando poder mediante la dirección del contacto y una velocidad de bateo base cada vez mayor, pero este año contaron con la ventaja de recibir más lanzamientos en los bordes de la zona y registrar menos abanicadas dentro de la misma, gracias a que debían cubrir un área menor.

De ahí surge una mayor necesidad de dominar con lanzamientos efectivos dentro de la zona; esto, a su vez, presiona a los equipos para que confíen en menos lanzadores a la hora de conseguir outs cruciales. Las estadísticas de ERA de los lanzadores en los que sí confían han cambiado: se ajustan a una distribución más estándar y realista, con un menor sesgo hacia la derecha. Esto indica que los equipos están identificando a más jugadores que, sencillamente, no tienen el nivel necesario para lanzar una cantidad considerable de entradas en las Grandes Ligas, y están tomando medidas decisivas al respecto. A continuación, se presenta la distribución de los promedios de carreras limpias admitidas de los lanzadores que acumularon al menos 50 innings en 2024, 2025 y 2026.

Queda muy poco espacio en la liga para los jugadores que simplemente cumplen a duras penas. Esta temporada, vimos cómo muchos lanzadores abridores del cuarto puesto en la rotación se volvían inservibles. Una zona de strike más pequeña los ha acorralado, literalmente. Sin embargo, esto era algo que debía ocurrir tarde o temprano. Si la liga ha tendido a favorecer excesivamente a los lanzadores durante la última década y más, es principalmente porque ya hace tiempo que debería haberse producido una expansión. El grupo de talento disponible no se ha diluido lo suficiente. La labor de los cazatalentos y el desarrollo de jugadores han mejorado; el número absoluto de lanzadores de Grandes Ligas ha aumentado con el tiempo. Pero la cantidad de lanzadores necesarios no ha variado gran cosa. Esto significaba que, incluso cuando sufrían lesiones o querían gestionar cuidadosamente las cargas de trabajo para evitar ese destino, los equipos podían rotar a una gran cantidad de lanzadores y aun así obtener los resultados deseados.

Eso se acabó. Con una zona de strike más reducida, estamos asistiendo a la misma restricción en el grupo de lanzadores cualificados que habría provocado una expansión de la Liga a 32 o 34 equipos. La diferencia es que, en lugar de generarse más empleos y una mayor demanda, llegamos a esta situación porque el listón que un lanzador debe superar para ser considerado “cualificado” se ha elevado de forma significativa y bastante repentina.

Hay menos lanzadores por equipo capaces de rendir en las Grandes Ligas que hace apenas un año, porque el juego ha cambiado. Aun así, 12 equipos lograron clasificarse para la postemporada este año. Esto implicó que más equipos probaran estrategias creativas para asignar una mayor parte del trabajo a sus mejores lanzadores, sin recurrir a patrones de uso antiguos y obsoletos. También significó que algunos equipos, cuyos cuerpos de lanzadores habrían sido débiles pero viables hace un año, llegaron a la postemporada con cuerpos de lanzadores que ahora se consideran desastrosos. Todavía estamos aprendiendo a identificar todas las consecuencias imprevistas del sistema ABS y del cambio asociado en la zona de strike. Esta consecuencia en particular es probablemente positiva, aunque ha dado lugar a un béisbol de aspecto peculiar, a medida que los equipos realizan movimientos tanto improvisados ​​como orientados al largo plazo para adaptarse a un entorno en rápida evolución.

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