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Reescribiendo a Brice Turang

2 days ago 1

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Image credit: © Benny Sieu-Imagn Images

Traducido por Miguel Boada Nájera

En algún lugar dentro de ti, existe un estilo de bateo. Tal vez no estaba programado cuando naciste pero en algún momento de tu juventud, tomaste un bat y comenzaste, poco a poco, a crear tu swing. Es un hábito. Es un instinto. Para cuando llegaste a las Grandes Ligas, ya era algo de muchas capas, una mezcla de elementos muy arraigados a tus músculos que se entrelazaron con el paso de los años de entrenamiento, formando nudos de cooperación y conflicto. No todos los coaches te han dicho que hagas lo mismo que los demás. No todo lo que te ha dicho cada coach, incluso aquello en lo que todos coincidieron, encajó perfectamente contigo. Lo que mejor funciona para una persona promedio, después de todo, no es lo que va a funcionar para los fenómenos de genética y hábitos que consiguen llegar al nivel más alto de beisbol en la tierra. Pero sí aprendiste cosas que incorporaste de algunos coaches cuyas enseñanzas, con el tiempo, prácticamente has sobrescrito.

“Sobrescrito” quizá es la palabra correcta. Tu swing es algo estilizado. Es personal y es perfecto. Pero también es un entramado de firmas que has ido estampando una sobre otra con el paso de los años. Cada una encontró la suficiente estabilidad para generar parte del éxito que te llevó hasta aquí y se quedó dentro de ti, como un tatuaje se queda en la piel. Aquí no hay la posibilidad de usar un láser para removerlo. Solo pones la nueva tinta alrededor de lo que ya no quieres tener en la superficie.

Brice Turang tiene un estilo propio de swing que es su firma. La suya sería más fácil de leer si encuentras los tatuajes (tiene muchos, por cierto) que se relacionan con ella, porque como muchos de los jugadores de Grandes Ligas, Turang es hijo de un pelotero. El paso de Brian Turang’s en las Ligas Mayores fue breve, pero llegó. Eso seguramente le dio una ventaja inicial al swing del joven Turang. Batea de zurdo porque su papa (un bateador derecho que se cansó de enfrentar sliders) tenía esa preferencia. Siempre ha tenido un swing bonito, porque siempre tuvo la influencia que lo orientó de un profesional de tiempo completo.

Este año, sin embargo, Turang puso nueva tinta sobre aquella vieja firma en su estilo de bateo. Esta temporada fue un bateador tangiblemente diferente, porque se convirtió en un pelotero capaz de modificar su swing. Un poco de inclinación extra le permitió alcanzar su máximo poder de manera más consistente que nunca. Nunca ha sido un bateador que jale la pelota—nadie es un bateador nato a la banda contraria, hasta por la orientación de su barril en el momento de hacer contacto—pero encontró suficientes lanzamientos que podía jalar para convertirse en una mayor amenaza. La inclinación de su swing fue de 31° (apenas por debajo del promedio de la Liga) en 2025; fue de 36° en 2026. Ningún jugador agregó una inclinación tan significativa a su swing como lo hizo Turang. Ese número es la muestra clara de que hubo un cambio en su swing, y los números superficiales de Turang muestran la misma transformación. Turang tuvo un 79 DRC+ como novato en 2023. Ese número creció a 91 en 2024 y a 109 en 2025. Esta temporada, llegó hasta 115. El cambio de swing que realizó fue una decisión acertada.

Pero no fue algo gratuito. Ningún ajuste lo es, y mucho menos un cambio en esa firma que está grabada en tus huesos y tendones tanto como en tu sistema nervioso central. Al hacer un swing más pronunciado, Turang se convirtió en un bateador más peligroso contra los pitcheos en la parte baja de la zona y contra los que pasan en la zona media, justo donde se tiene la mayor cantidad de superficie vertical para batear. Sin embargo, cuando le subes la localización de los pitcheos puedes encontrar algo de alegría.

Ningún bateador pierde velocidad en su bat cuando hace swing a lanzamientos altos, comparado con los que están en la parte media o abajo, como Turang. El promedio de velocidad de su swing a pitcheos abajo esta temporada fue de 72.3 mph. En la parte media fue de 70.4 mph. En pitcheos altos, por su parte, esa cifra se desplomó a 65.6 mph. Esperas que cada bateador haga sus swings más rápidos contra pitcheos en la parte media del plato, pero de nuevo, Turang presenta una diferencia mayor frente a cualquier otro bateador en el beisbol entre esos pitcheos y los altos. Es uno de los bateadores que más manipula la inclinación de su swing dependiendo de la ubicación vertical del pitcheo, lo que normalmente es algo bueno (los jugadores top en eso son gente como Luis Arráez, Jake Mangum y Ernie Clement, entre otros). Sin embargo, los mejores jugadores de este tipo ven la pelota temprano, retrasan el movimiento de sus manos y hacen un swing lento, perdiendo poca velocidad cuando hacen un swing plano para hacer contacto con la pelota en la parte alta de la zona—porque tenían muy poco que perder en primer lugar. Turang no puede hacerlo del todo. Alterar su swing para hacerlo más pronunciado ha hecho que el movimiento que considera propio sea un poco artificial. Está bien. Esa es la mejor manera de mover su cuerpo para optimizar sus resultados. Pero, precisamente porque no es del todo natural, tampoco es igual de adaptable. Cuando tiene que hacerle swing a un pitcheo alto, eso se hace evidente. Sus intentos por aplanar su swing le afectan en factores como la fluidez de que depende su movimiento.

Está trabajando en corregirlo. Eso es bueno ya que muy temprano en esta temporada, los equipos reconocieron el cambio que hizo y comenzaron a atacarlo con pitcheos altos en la zona. Y tuvo problemas. Intentó hacer algunas cosas ingeniosas como ser más paciente (literalmente no funcionó) y realizó algunos toques de bola, pero no encontró una manera confiable en alcanzar esas rectas veloces. Pasó por algunas rachas en las que un equipo lo atacó con rectas altas en tres turnos consecutivos, a los que abanicó y falló. Pasó por rachas en los que vio rectas más bateables pero dio batazos de foul.

Finalmente, en septiembre, pudo encontrar algo. Siguió abanicando a pitcheos muy altos, fallando el 38.6% de sus swings a esos lanzamientos pero juzgó bien las bolas y los strikes; logró sobrevivir a algunos pitcheos que en los meses previos hubieran sido suficientes para dominarlo; recuperó velocidad en su bat, con lo que pudo hacerle contacto a esas rectas ligeramente más adelante. Incluso pegó un home run a uno de esos pitcheos en la última semana de la temporada regular, contra los Phillies. Se sintió como cuando un jugador de futbol americano hace algo extraño durante una jugada grabada en video en el último juego previo a la postemporada, obligando al rival a incluirlo en su plan de juego aunque nunca hayan planeado en recurrir a ello de nuevo.

Ni ese pequeño amague con la cabeza (si es que eso fue) ni los ajustes generales en septiembre le han permitido a Turang brillar hasta ahora en octubre. Los Padres han subido mucho la escalera contra él, especialmente hacia arriba y afuera, y ahí se lo están comiendo vivo. En algún lugar dentro de él hay un swing que puede darle a ese lanzamiento. Solía ser bueno contra él. Pero solía ser malo contra todo lo demás, así que a menos de que se siente sobre un lanzamiento y adivine en algún momento cercano, tendrá que encontrar la forma de salir de este pequeño e inoportuno slump alimentándose de algo abajo o, si es capaz, volver por un momento a su viejo swing: reconectando con algo más profundo en su sangre beisbolera pero dejando de lado aquello que lo ayudó a convertirse en la mejor versión de sí mismo durante la mayor parte de la temporada 2026. El beisbol siempre exige que escojas entre opciones imperfectas. Ese es simplemente el dilema que decidió ponerle a Turang esta semana.

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