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Pete Crow-Armstrong no es un unicornio

19 hours ago 2

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Image credit: © Matt Marton-Imagn Images

Traducido por Pepe Latorre

Pete Crow-Armstrong no es un unicornio. Hace muchas cosas bien (muy bien, casi increíblemente bien), pero solo *casi*. Desde la pandemia, este ha sido el obstáculo para cualquier aspirante al premio al Jugador Más Valioso que comparta Liga con Shohei Ohtani. La forma tradicional de asignar los galardones sigue siendo propia de una discusión de bar: escoger a los candidatos y comparar sus méritos. Pero con Ohtani no caben comparaciones. Existen bateadores, existen lanzadores y luego está él. Tras casi una década de carrera en las Grandes Ligas, no estamos más cerca de resolver este dilema, sobre todo porque en cuatro de los últimos cinco años no ha sido necesario: los conjuntos del diagrama de Venn se han solapado. Él ha sido, a la vez, el jugador más singular y el mejor de todos.

A medida que avanzaba el verano parecía que nos dirigíamos a una situación similar a la de 2022, cuando Ohtani quedó segundo por una de esas temporadas memorables de Aaron Judge. Esto fue antes de que ambos tuvieran el buen criterio de emular a Mantle y Mays y jugar en Ligas diferentes. Sin embargo, la segunda mitad de la temporada no ha sido favorable para Ohtani: problemas en el bíceps lo obligaron a dejar el montículo a principios de julio y una inflamación en la rodilla ha afectado progresivamente su rendimiento al bate. Desde el 7 de agosto registra una línea ofensiva de apenas .200/.303/.400 con una tasa de ponches cercana al 30% y su velocidad de salida promedio ha disminuido casi 1.5 mph. A pesar de estar luchando por asegurar el pase directo a la siguiente ronda de la postemporada, el mánager de los Dodgers, Dave Roberts, contempla la posibilidad de darle descanso a su mejor jugador para que se recupere. Independientemente de lo que suceda en septiembre, el mes de agosto de Ohtani le brindó a Crow-Armstrong la oportunidad de destacar su desempeño de cara a 2026, y así lo ha hecho.

Desde el parón Crow-Armstrong ha elevado su nivel de juego. Registra una línea ofensiva de .260/.354/.641 y una tasa de bases por bolas del 12.4%, casi el triple de su promedio de 2025. Más allá de las cifras destacadas (como las 103 carreras anotadas que le hacen líder de la Liga, el porcentaje de slugging de .571 y los 142 partidos disputados, un dato del que se habla menos pero igualmente vital), hay dos estadísticas en las que ocupa el segundo lugar. Crow-Armstrong suma 39 cuadrangulares y 32 bases robadas, lo que le asegura su segunda temporada consecutiva con un registro de 30-30. Estas cifras le permitirían alcanzar los 45 palos de vuelta entera y las 37 bases robadas respectivamente, lo que lo coloca como un candidato con posibilidades reales (aunque no favorito) de convertirse en el séptimo miembro del club de los 40-40. PCA ha mostrado una consistencia sorprendente en su desempeño en las bases. Ha robado exactamente seis bases cada mes de la temporada, a excepción de junio, cuando llegó a ocho. Esto significa que el hito está a su alcance. Eso sí, siempre y cuando decida ir a por él. En sus últimos 22 partidos solo ha intentado robar dos bases lográndolo en ambas ocasiones.

***

Cuando José Canseco se propuso la meta de conectar 40 bambinazos y robar 40 bases no sabía que aquello nunca había sucedido antes. Otros peloteros habían estado cerca: Eric Davis se quedó a tres homers de la marca el año anterior, y la habría alcanzado fácilmente de no haberse perdido 33 partidos. Bobby Bonds se quedó corto en dos ocasiones, en 1973, por un solo cuadrangular. Willie Mays también lo intentó un par de veces. Antes de Mays, solo un hombre había logrado conectar 30 homers y robar 30 bases en una misma temporada. Ken Williams, jugador histórico de los Browns (que actuó a la sombra tanto de Babe Ruth como de los Cardinals, el otro equipo de la ciudad), ha caído prácticamente en el olvido. Williams solo tuvo una oportunidad en las Grandes Ligas antes de mediados de la temporada en la que cumplió 29 años con los modestos Browns, sin embargo, protagonizó una trayectoria inversa a la de Eric Davis, acumulando un valor de 41.2 rWAR a partir de los treinta años. Dicha hazaña, lograda durante su mejor temporada en 1922 (el único año de bajo rendimiento de Ruth en su plenitud), le permitió liderar la Liga en cuadrangulares y carreras impulsadas, aunque no recibió ni un solo voto en la elección del Jugador Más Valioso (MVP) de la Liga.

Pero por la razón que fuera (ya fuera por el estatus de estrella de Canseco o por el hecho de que los aficionados ya estaban pendientes, conteniendo el aliento, de la racha de entradas sin permitir carreras de Orel Hershiser en la otra liga), el 40-40 fue un acontecimiento de gran relevancia.

La reputación del club 40-40 ha pasado por altibajos. Cuando Davis y Canseco se acercaron a esas marcas en la década de los 80s representaban un tipo de atleta aparentemente nuevo, al menos para su generación. Habían quedado atrás los días de bateadores de contacto y físico ligero (con porcentajes de embasado de .280) que acumulaban 700 apariciones al plato en una temporada para robar 70 bases. Tampoco los cuadrangulares eran ya coto privado de los Kingman y Armas de este deporte, aquellos corpulentos bateadores de poder con bigotes prominentes y swings pesados. El béisbol entró en los años 90 con un nuevo concepto de capacidad atlética, un espíritu que se vio aún más realzado por talentos totales de la talla de Barry Bonds y Alex Rodríguez.

Sin embargo, a medida que se consolidaba la “era de los esteroides” y cobraba fuerza el culto al home run, las cifras de cuadrangulares de las décadas de 1950 y 1960 hicieron que el “club del 40-40” pareciera algo pintoresco o anticuado. ¿Para qué esforzarse tanto corriendo por las bases cuando los bateadores de poder estaban conectando tantos home runs? Los primeros análisis sabermétricos reforzaron esta percepción al sostener que el valor real de la base robada era muy inferior a la fama que la precedía. El hecho de que Alfonso Soriano fuera el único integrante del club del 40-40 en toda una generación no hizo sino acentuar la sensación de que dicho club ya no definía la versatilidad atlética como antaño. ¿Cómo podía considerarse a un jugador completo si registraba un porcentaje de embasado de .319 a lo largo de su carrera? La llamada línea estadística pasó a ser el indicador abreviado de la excelencia integral, relegando la base robada a un segundo plano en cuanto a logros destacados.

Entonces, el béisbol intentó devolverle a la base robada su antigua gloria, casi a la fuerza y se crearon reglas para facilitar el corrido de bases. Y los corredores desataron. Cuando Ronald Acuña conectó su cuadrangular número 40 el 22 de septiembre de 2023 ya acumulaba 68 bases robadas. Formaba parte del club, pero a esas alturas se sentía como un club distinto. Se asemejaba más a la versión de Davis o Rickey (28 robos y 87 cuadrangulares en una Liga con un 50% menos de cuadrangulares) que a la de Canseco o Bonds. No era peor, simplemente… diferente.

Y luego, por supuesto, llegó Ohtani, que redefinió el club del 40-40 de la misma manera que ha redefinido todo lo demás en el béisbol a lo largo de su carrera. No solo alcanzó el 50-50, sino que superó ampliamente ambas cifras proyectadondo una sombra tan vasta y profunda como la que Ruth proyectó sobre Williams hace un siglo. Sigue siendo una gran hazaña. Pero es comprensible que, para Pete Crow-Armstrong, no sea su principal preocupación.

***

Existe otra buena razón por la que la marca de los 40 cuadrangulares y las 40 bases robadas no será el estándar que defina a Crow-Armstrong, y es que esos aspectos ya eran, de por sí, sus rasgos distintivos. El jugador de 25 años ha logrado avances increíbles esta temporada, desde el día en que firmó su extensión de contrato por seis años, avalado por un Guante de Oro y un DRC+ de 107 (cuando PECOTA proyectaba una regresión a 99). A finales de junio Bradley Woodrum destacó su mejoría en el enfoque al bate, señalando cómo había ajustado su zona de bateo ideal y se concentraba en conectar con fuerza los lanzamientos que pasaban por el centro del plato. Por su parte Matt Trueblood siguió de cerca la evolución defensiva de PCA en mayo, llegando incluso a analizar si la posición de jardinero central podría albergar la mejor temporada defensiva de la historia. Su veredicto: si tal cosa es posible, él podría lograrlo.

Hace apenas seis meses, resultaba impensable imaginar que Crow-Armstrong pudiera batear para .280, registrar un slugging de .571, aumentar la velocidad de su swing en 2.5 mph o reducir su tasa de abanicadas fallidas en una cuarta parte. Lo que sí entraba perfectamente en los planes era que conectara una treintena de homers y se robara una treintena de bases. De hecho, aspirar al 40-40 es justo lo opuesto a lo que hace tan especial su temporada 2026. Es un gran logro, sí, pero también uno arbitrario. Una categoría que engloba a algunos de los mejores bateadores de la historia del béisbol, pero también a otros que simplemente fueron muy buenos. Sin duda, agrupa a un tipo de jugador específico, uno de los arquetipos más apasionantes de este deporte. Pero este año, sencillamente no lo necesitamos. Pete Crow-Armstrong pertenece a otro club: uno de definición más flexible, pero no por ello menos increíble.

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